Friday, October 20, 2017

EDICIÓN OCTUBRE 2017


*Portada de “Caleidoscopio con vistas al futuro” del escritor cubano Carlos Duarte Cano.






Caleidoscopio: Un legado del futuro*


*Por Abel Guelmes Roblejo. abelgrob@gmail.com



 “Cuando era niño tuve un caleidoscopio. Probablemente lo heredé de mi hermano mayor, como casi todos mis juguetes. Me tocó crecer en una época donde estos escaseaban…” Así comienza la introducción del más reciente título Caleidoscopio con vistas al futuro, del escritor cubano Carlos Duarte Cano, Editorial Gente Nueva. Este libro, pertenece a la colección Ámbar, la que se caracteriza por defender los géneros fantásticos y ciencia ficción en la Isla.
En sus textos encontraremos sugerentes historias como la de un extraño individuo que nunca dijo una mentira, tampoco se equivocó y al final tuvo un enigmático destino. Una máquina que mide la felicidad. La historia de un hombre que visitó un centro, donde le dijeron que podría crearse sus propios dioses. Una peligrosa arma que dispara hacia el pasado. Una solución alternativa más certera… y cuestionable, al tema de la inmortalidad. Una hermosa reescritura/reinterpretación de un cuento clásico. Un sofisticado yelmo que promete la felicidad a sus usuarios. Un planeta con vida propia y consciencia. La lucha eterna entre la ciencia y la magia. Lo que entendemos por sabiduría para escoger entre el bien y el mal. Y como historia final, encontramos la de un niño que nace con una “extraña condición”, muy chocante a la del mundo en que le tocó nacer.
Vale aclarar que, como buen defensor de la ciencia ficción, todos los cuentos están escritos en varios subgéneros. Algunos como el New Wave, Cyberpunk, Space Opera, Distopía, Mundos Post-apocalípticos. En ocasiones el autor decide combinarlos y pasea su narrativa entre ellos, como buen capitán de un barco que surca a través de diferentes aguas… o galaxias, en dependencia.
Carlos Duarte, biólogo y científico de profesión, hace uso de su amplio conocimiento en varios de sus relatos. Nos narra historias con descripciones de enfermedades, vegetación y topografías tan exactas, detalladas y realistas, que hace, que aquellos universos “ficticios”, tan diferentes e iguales a la vez, nos resulten familiares al leerlas. No es de extrañar que algunos de sus textos tengan como centro a la naturaleza (en su más amplio aspecto) y a biólogos como co-protagonistas.
El uso de las ciencias biológicas en este libro, es un detalle que marca la diferencia. No es un tema muy frecuente en nuestra literatura y que, sin embargo, es muy necesario y agradecido por el público lector. Carlos Duarte nos alerta a través de sus historias de posibles futuros. Denuncia la naturaleza insatisfecha y destructiva del ser humano. Indiferentemente de si narra un cuento con tono detectivesco (El hombre infalible), una crítica al burocratismo (La solución Zombie), o uno de abundante acción (Mundo inhóspito), entre otros.
Los cuentos, como alerta el autor en su introducción, están organizados en un orden cronológico. No en el que fueron escritos, sino en el tiempo en que transcurren los hechos. Yendo desde un posible futuro cercano… ¿o pasado?, hasta un día muy distante en la historia aún sin escribir; donde la raza humana habrá perdido la “humanidad” que la ha caracterizado. En los relatos que conforman este Caleidoscopio, es muy visible esta característica que aclara el autor. Los avances en la tecnología van desde la actual hasta los que aún soñamos con realizar. Pero no es solo la tecnología en la que el cambio es visible, lo es también en el comportamiento humano. Carlos Duarte Cano es capaz de crear una sicología en cada personaje de sus relatos, muy fiel a la del momento histórico que narra. Va desde el afable y servicial tabernero de El hombre infalible hasta la fría y distante madre  Tin ya no vive aquí. Los personajes viven, piensan y se comportan en dependencia de la sociedad a la que pertenecen. Sin embargo, nos plantea la posibilidad del cambio a bien, aún en sus más distópicos cuentos o mundos en que nos sumerge el Caleidoscopio.
A esto se le suma el uso de un sencillo, pero nunca simple, lenguaje, que es capaz de entender todo lector. Independientemente del aspecto científico o social que se exponga, cualquier persona será capaz de comprenderlo en su totalidad. El autor utiliza una narrativa compleja en ocasiones, complementada por este lenguaje, capaz de tornar lo excluyente por tema, en inclusivo por su calidad.
Duarte posee un estilo propio, fresco, actual y maduro; impregnado de la esencia  añeja de los libros de autores clásicos de este género en que se siente cómodo al escribir. Se adentra con éxito, cual temerario conquistador, en tierras de la ciencia ficción que muchos de los amantes de esta rama de la literatura, gustan leer; pero temen escribir por su gran dificultad.
A manera de excelente propuesta, se presenta este Caleidoscopio, que como algunos de los buenos libros que también heredé en mi infancia, “en una época en que estos escaseaban”, me ha dejado un delicioso sabor en la memoria. Sus diez historias han logrado transportarme hacia aquellos mundos, fantásticos, futuros… ¿pasados?, que nos recrea el autor. Y aunque este Caleidoscopio sea con vistas al futuro, nos brinda lecciones en el presente; y cada vez que lo vea acomodado en mi biblioteca, me recordará los buenos momentos de esos días lejanos, en que fue leído por primera vez.







Datos.



-Carlos A. Duarte Cano. La Habana, 1962. Vive en La Habana, es doctor en Ciencias Biológicas y trabaja en proyectos de Biotecnología aplicados a la salud humana. Comenzó a escribir ficciones a partir del 2005, cuando ingresó al Taller 7 de CCF. Ha colaborado con la redacción de los ezines Alpha Eridiani y Axxón y es editor del ezine Korad. Es también uno de los fundadores y coordinadores del taller de literatura fantástica Espacio Abierto, activo desde 2009. Ha obtenido premios en los concursos: Concurso Internacional Sinergia, Realidades Alteradas, Argentina 2008; Concurso de CF de la revista Juventud Técnica, Cuba, 2008, Concurso La cueva del Lobo, Venezuela, 2012, Concurso Hydra de novela corta, Cuba, 2015; Primer Premio de cuento en los Juegos Florales de Cubanacán, 2016; Primer Premio en el Encuentro Debate Municipal de Talleres Literarios de Playa, 2016; 2do Premio en el Encuentro Debate Provincial de Talleres Literarios de La Habana, 2016. Su cuento Buscando a Carla recibió el premio Agustín de Rojas al mejor cuento fantástico cubano publicado en 2013. Obtuvo mención especial en el concurso Luis Rogelio Nogueiras, Cuba 2010 y mención en La Edad de Oro de novela, Cuba 2014. Primer premio incentivo concurso LitKon 2013 de la Mars Society, Bulgaria. Textos suyos resultaron finalistas en: III y IV y VI Certámenes Internacionales de Poesía Fantástica miNatura y en el IX Certamen Internacional de Microcuento Fantástico miNatura, 2011; concurso UMA de relato fantástico en 2012; Concurso de Cuentos Cortos para promover hábitos de lectura, AMEI-WAECE, 2013; accésit en el III concurso de microrrelatos “Ciencia ficción, Novum” de Ojos Verdes Ediciones, 2016. Ha publicado cuentos y poemas en diversas antologías de Cuba, Argentina, España y Méjico y los libros Caleidoscopio con vista al futuro (Colección de Cuentos Ed Gente Nueva, Cuba, 2015) y El olor acre de la libertad (Ed Abril, Cuba, 2016). El primero de estos se puede adquirir online en el sitio Cuba Libros http://www.cubalibros.com/102-carlos-duarte




*



-Abel Guelmes Roblejo. La Habana, 1986. Coordinador del Taller Literario Espacio Abierto. Graduado del taller de formación literaria “Onelio Jorge Cardoso”. Miembro de la AHS. Recientemente ha publicado el libro de relatos Últimos Servicios, con ilustraciones de Ray Respall Rojas –pintor cubano de amplia trayectoria-, como parte de la colección de autores cubanos Guantanamera, editorial Lantia S.L., Sevilla, España. Premio de Cuento de Ciencia Ficción “Juventud Técnica”, 2017; mención en este concurso en el 2016. Finalista de: “XI Concurso de Cuento Ciudad de Pupiales, 2016” (Colombia), Fundación Gabriel García Márquez; I Certamen Internacional de Relatos Pecaminosos (Estados Unidos, 2013); “Mi mundo fantástico” (España, 2013); Beca de creación “Caballo de Coral”, Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso. Mención en: Concurso Oscar Hurtado, Cuba, 2014, categoría de ensayo y artículo teórico y en la modalidad de cuento fantástico, 2015. Cuarto lugar en el “Premio Literario "Patricia Sánchez Cuevas” (España, 2015), publicado en la antología de trabajos premiados. Ha participado en varias antologías internacionales, entre ellas: Historias breves, Letras con Arte, España. Su cuento Últimos Servicios fue traducido al francés por La Universidad de Poitiers (Francia, 2015), para conformar un volumen sobre autores cubanos. Antología de Aforismos, Ediciones DeLetras, convocada mediante concurso por la propia editorial (España 2015). Cuentos y reseñas suyas han sido publicadas en revistas digitales e impresas tanto en Cuba como en otros países, entre ellas: El Caimán Barbudo, La Jiribilla, Korad, Hitcuba.com, Prensacubana.net, Juventud Técnica, Cuba; Arena y Cal, España e Inventiva Social Argentina, Revista Azahar y Amazing Stories. Ha participado en diversas lecturas y proyectos auspiciados por la Editorial Gente Nueva y la Asociación Hermanos Saíz.

















ARRIBO*



Venía con diez jazmines en la mano.

¿Adonde vas?

-Toda la sequía del mundo en mi mirada-

Al mar. Me espera el mar. El mar irremediable.

¿Cómo lo sabes?

-Páramo salobre en mis entrañas-

Una sombra ha cruzado los cardales.

Me espera una geometría de cosas y de nombres.


Vuelve en marejadas.

Patria misteriosa de los hondos secretos.


Una hembra latiendo en maduro fruto.

Un macho con corceles negros en los ojos.

Una alondra y un toro.

Gritos de cobre. De violeta. De clavel ausente.

Una pradera quieta y un halcón.

El niño duerme, envuelto en pañales de viento.

Laberintos. Estrellas. Delfines. Arrecifes.


Huésped de un arcano laberinto de agua.

Arribo.

Puerto de mar o páramo.

Puerto que florece en algas y cardales.

Puerto de un enero de amor.


Un hombre con los brazos extendidos.

Una mujer con diez jazmines en la mano.


*De Amelia Arellano. amelia.arellano01@hotmail.com













Los desterrados de Poker Flat*



*Por Jorge Isaías. jisaias46@yahoo.com.ar




Elvio Gandolfo me acaba de recordar el nombre del autor de un cuento maravilloso: Los desterrados de Poker Flat.
Cuando busqué el cuento y el autor llegué a la conclusión de que no tenía ningún libro de él, que era el único cuento que descubrí en una antología del Centro Editor, que dicho sea de paso tanta felicidad regaló a nuestra generación.
El argumento, si la memoria no me engaña, se desarrolla en el oeste norteamericano en pleno siglo XIX, donde el autor vivió hasta los 65 años trabajando en los periódicos y publicando sus libros en el más duro puritanismo, como gustaba a los grandes de ese tiempo.
Llega a un pueblo de frontera un grupo de fulleros y empieza a desplumar a medio pueblo. Las fuerzas vivas toman una decisión drástica: los juzgan y los condenan al destierro, al mejor estilo griego. Cabalgan en un desierto de nieve varias horas, cuando exhaustos llegan a un grupo de árboles, uno de ellos pone una carta de jugar póker sobre un tronco y le clava un cuchillo no sin antes agregar un papel que reza: aquí yacen los desterrados de Poker Flat, seguros de que su destino estaba sellado cuando los conminaron a irse sin dejarles llevar provisiones y empujándolos hacia el camino de frontera donde sabían que no quedaba ninguna población. ¿Se incluía en ese juicio el castigo por haber sometido a los habitantes del pueblo al designio tentador de los fulleros? ¿Por qué ese juicio tan extremo que era lo mismo que la horca, pero evitaba observar cómo ese grupo indeseable moría muy lejos de su desconsideración cristiana? El odio pudo más que un juicio más benévolo o al menos obligarlos a transitar por caminos que estuviesen más poblados.
Siempre me pareció excesiva esa decisión, una ejemplaridad vana, porque los fulleros, lo sabemos, se siguieron reproduciendo hasta nuestros días, pero también el odio (que siempre es visceral) y que no acaba de abandonarnos nunca.
Abonizio me ha dicho que en mis escritos los pueblos no conocen el mal. No es cierto. Lo conocen de sobra, porque en sus calles circulan los siete pecados capitales, como le aseguró Raúl Galán a Héctor Tizón cuando ambos vivían en la aldea de Yala, pero yo no quiero hacerlo.
Sucede que en ese espacio tal vez mítico (nunca falso ni ideal) que me he ido formando eludo hablar del mal, porque de eso ya hay mucho en esta sociedad suicida.
Prefiero tratar de inscribir el vuelo de las garzas por un cielo de ceniza azul intenso, camino a los bañados más lejanos, cruzándose con aquella golondrina tardía que se había perdido de la bandada y a lo mejor ese grupo de niños que la miraban atónitos y admirados no lo supieran, porque volvía rápidamente a sus juegos.
Pero uno solo de ellos tomaba nota en su cabecita rapada y lo volcaría alguna vez en ese río de tinta que le circulaba en la sangre y con los años sabría que todas las líneas de sus manos solo rescataban esa belleza que de otro modo se perdería para siempre.















*



Todas las puertas cierran

lo que estuvo abierto.

Aquello que quedó detrás

está perdido,

porqué no disuelto, roto en pedacitos,

ya es parte

de la delicada materia de lo invisible.

Un héroe no golpea en el umbral.

Contempla

con calma o con desdén

lo inevitable,

abraza la imperturbable sentencia de lo inerte.



*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com













EL DEBER HUMANO*



La lucha contra la adversidad era la clave. La lucha contra un destino amenazador, el destino como la tormenta que se desatará, que romperá las amarras y devastará la pobre humanidad o el pobre ser sacudido por los inclementes vientos de los años, de la lejanía, de la tristeza. El destino que se ensaña quitando la vista a Borges (eso será mucho después, pero qué es una década o un siglo para la historia), el destino que se ensañó con Beethoven desprendiendo de su ser esencialmente musical la valiosa y magnífica capacidad de escuchar el goteo de la lluvia, una puerta que se queja, los acordes monolíticos de una sinfonía.
Es el deber del ser humano la lucha contra la adversidad. Frase remanida, que no es espectacular por la formulación ni por la novedad, pero que con el contexto de haber sido expresada por Beethoven tiene una fuerza y un impacto que estremece.
Y luchó Beethoven contra la adversidad, contra el destino que en la quinta sinfonía se expresa para siempre en notas musicales, en una sola frase que se repite y muta pero que se alza como un monumento de piedra en la llanura destemplada. Lloraron los oyentes en su momento, nos emocionamos hoy cuando nos golpea ese bloque de música que forma la orquesta a pleno, y esa queja de un único instrumento solo que implora allá en las alturas, único como la plegaria de un inocente.
Ese pa ra pa páaan reconocible y trágico, tres notas cortas y una larga. La “V” en el código morse, la “V” de la victoria final aún cuando la muerte cierre y clausure. La victoria de haber presentado batalla como sea y contra poderosos ejércitos. Es la victoria de la lucha en sí, sin importar los resultados. La victoria del hombre de pie aunque sea al fin la caída, que no somos inmortales pero la victoria está en la resistencia.
Se había comprado o mandado hacer Beethoven todo lo que el ingenio de la época permitía para amplificar esas ondas elusivas que ya no formaban sonido en su cabeza. Trompetillas, cuernos, hasta una pesadilla de hierro que parecía salida de los sueños enfermizos de los inquisidores; un collar con largas varillas que se introducían en el piano. Vanos intentos. A los treinta años el ejecutante estaba completamente, fatalmente sordo. Y fue después que escribió cada una de sus sinfonías, sordo ya, trabajando con las coloraturas de los instrumentos de memoria, armando acordes poderosos con matemáticas e imaginación. Construyendo catedrales y recintos dibujados a contraluz y con trazos vigorosos. Luchando contra la adversidad, porque lo dijo y lo hizo, era su deber humano luchar contra la adversidad.
Y antes del pa ra pa páaan una aspiración, un silencio. Importante silencio de hache muda delante de la palabra. Impulso que eleva la fuerza y hace que la frase suba. Tomar aire antes del esfuerzo, echar hacia atrás el brazo en tensión para que la flecha llegue hasta ese blanco lejano. Tanto importa la hache, tanto hace un silencio, el vano con la misma contundencia espacial que la pared contundente. La muerte dando sentido a la vida por simple presencia invisible. Esas sutilezas que no se comprenden hasta que nos las explican, pero que sin embargo se pueden presentir en la emoción.
Nos hablan siempre de un hombre colérico de cabello despeinado. Se reducen finalmente los seres a una caricatura vacía. Debiésemos poner el relato en cosas más importantes, como su pasión que como toda pasión es desmedida y arrasa con árboles y edificaciones. Destruye y crea. Beethoven guiando a una orquesta que no escuchaba, nueve horas guiando la orquesta y cantando y gritando mientras los espectadores comían o charlaban, en esas maratones en las que un compositor presentaba su obra y que se llamaban academias. Lo imagino feliz, lo imagino por fin vivo y no como ese busto inmortal (esas inmortalidades de museo, de cámara funeraria, de olvido), ese busto inmortal y ajeno que no es Beethoven sino un pedazo de yeso o acaso mármol o bronce, materia que jamás fue viviente de vida humana, sueño y carne y espíritu desbordado.
Es deber humano luchar contra la adversidad, dijo Beethoven, vivo y viviente y tenaz. Quizás la única forma de construir obras justificadas, poderosas y bellas sea esa batalla desesperada contra la propia imposibilidad. Desde aquí se ve el inmenso edificio, y no notamos, ya, la labor del artesano, las huellas arduas de los cinceles sobre la piedra.
Será por eso que la quinta sinfonía fue la obra seleccionada para representar el sonido de lo humano, cuando se envió un mensaje al espacio. Qué temblor en la yema de los dedos, qué magnífico vacío en las entrañas pensar en esa frase musical resonando allá en medio de la negrura y las infinitas estrellas, viajando por el universo anónimo y llevando el mensaje de la humana esperanza de poder dar lucha al firmamento inabarcable.




*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com












*


No sólo hay crepúsculos: también hay cosas, animales, calles, edificios, personas crepusculares. Uno mira a esas personas o cosas o animales o edificios o calles y teme que puedan diluirse hasta desaparecer.



*De Liliana Díaz Mindurry. lidimienator@gmail.com













Con la "P" *



Pedro Paz, pintor potente,
pinta para pobres pastores
pinares, piñas, panoramas,
perdices , pesebres , puentes,
paisajes, pantanos, pendientes,
piñones, posadas, pijamas...
Peligros, polainas, pieles,
padeciendo por "pinreles".
Para payeses, pinta plantaciones,
patatas, portadores, peras,
pimientos, pollos, paelleras,
puercos, pozos, porrones,
Pinta pasiones parteras
para próximos parientes
pinta pócimas pudientes.
Pinta por partes pierrots
para pasiones perrunas,
píldoras , pocas pastillas,
potingues, paz, pesadillas.
Para payasos, pistas, planchas,
porras, patines, parasoles.
Para pobres pinta paciencia
pestes, pagos, penas, pesar,
poco para "papear".
Para propietarios prebostes,
picaportes, puertas, pisos,
porteros , pleitos, permisos,
paletas, plafones, postes.
Para pícaros pretendientes
pensamientos, pasiones,
presentes, picardías, postales,
penumbras post-maritales
paranoias, perdiciones.
Para palacios preciosos
pinta plazas, parques, palmeras,
pararrayos, papeleras,
policías pretenciosos.
Por pasatiempo pinta palcos,
pomos, piscinas, plumeros,
programas, pocos pucheros,
periplos peristálticos
pesarosos pterodactilos
panteras, pipas, prisiones,
peluquerías, portones,
platos, petróleo, patines,
piratillas, prostitutas,
pernos, peucos palentinos,
paraninfos, peregrinos.
Pinta perros perdigueros,
pizpiretas peligrosas,
pérfidas picotas porosas,
pianos, papúes peludos...
Pedro Paz pinta por pintar,
pinta pintando, primero
por pares, polimorfos por postrero .
Pero pinta porque persevera
pobre paria pinturera...

Parecen perpetuas palabras
pero por principio,
prefiero parar...
Por parar.


*De Joan Mateu. joan@zarca.es











*


Conocí
a la mujer más triste del mundo,
que no es poco decir de una mujer.
La tristeza es un hábito que te cubre del viento,
un vestido que te guarda del frío.
Como todos los tristes, terminó siendo poeta
y acunaba palabras como hijos
cantándoles canciones.

La habitaba un volcán.
Todo su cuerpo era un puñado de temblores.
Mirarla andar
era contemplar la caída de un imperio.

Pero sus ojos huían del desastre.
Sus ojos, esos pájaros salvajes.


*De Mariana Finochietto. mares.finochietto@gmail.com













Octubre*


te he amado siempre
te elegí para nacer.
Y ahora
que no se corresponden
tiempo y piel
(¿deberían hacerlo?) requiero
de tu fuerza vital.

Floréceme, octubre.
No pases lejano de mí,
transfiéreme tus verdes
tu decidido sol
tu calandria sonora.

Tócame con manos de azahar
ponte de pie sobre mi noche.
Invade. Conquista. Somete.
Pero,
no pases octubre, lejano de mí.
Gira en la tibieza.
Hazme un signo
e invítame al festín.


*De Miryam Colombotto Seia. miryamseia@cablenet.com.ar











*


Llega un momento en que te das cuenta. Te das cuenta de que sufrir es una decisión, la tuya; de que escuchar al miedo siempre es una opción, y no la más sabia; de que si alguien habla de vos no te define, se define; de que haber amado nunca fue un error, aunque te haya costado el corazón; de que mientras estás vivo estás tan vivo como cualquiera, sin importar los pronósticos; de que sos liviano, y lo que te pesa no sos vos, sino lo que cargás encima. Llega un momento en que te das cuenta, y el mundo cambia aunque siga siendo el mismo. Y vos... Bueno, vos tenés que querer darte cuenta. ¿Querés?


*De Lucas Berruezo.







Inventren







Desear amor es desearlo todo*



Ya me acostumbré a deambular por los vagones. Los recorro mirando a esa gente que dormita o come. Veo a una mujer descargando el mate por la ventanilla, y me digo que la yerba está irremediablemente perdida, que se fue para siempre, siento una extraña sensación de ausencia y de algo indefinible, esa yerba arrojada para toda la eternidad, sin ceremonia, sin despedida. Una ventanilla que se abre, el salto fatal.  Me alejo con una náusea entre las manos.
En el siguiente vagón dos hombres hablan fuerte. El de ojos claros intenta convencer al alto de alguna cosa. No me ven. Me pregunto qué dirán.
Llegan frases aisladas, la conversación se me pierde como la yerba. Estoy inmóvil, las cosas suceden a mí alrededor. El mismo tren es algo que sucede sin mi compromiso.
Sigo caminando.
La yerba y los hombres quedan a mis espaldas. Estoy sola.
Hallar el vagón de cineclub es un retorno. Sigo sin rostro ni voz, pero acaso que esto sea físico, que la obscuridad me borre, es tranquilizador. Si no existo, al menos no existo en la negrura que me devora.
La pantalla iluminada me presta el resplandor para ocupar mi sitio, siempre el mismo aunque el vagón cambie.
Reconozco "Sweet Charity" allí adelante. La prostituta ingenua se deja engañar por el novio, vive su ilusión de ser amada, se deja engañar, desea y propicia la mentira que le otorgue un respiro a la desesperación.
Está tan sola con su ropita y su cara mal maquillada. Lloro. La veo tan preparada para regalarse, tan deseosa de hacer feliz a cualquier hombre que le preste los ojos y las manos un momento. Qué frágil esta mujercita alegre toda imposibilidad, si tiene marcado, tatuado, el fracaso.
A pesar de que sepa el final, hasta el último momento pienso que el hombre común que se equivoca, que cree que es una mujer decente y ordinaria, cuando se entere de su pasado la va a aceptar igual. Si no ocurre en la vida real, debiese ocurrir en el cine.

Y las coreografías de Bob Fosse son deliciosamente vitales. Dicen con el cuerpo, y lo que dicen se expresa sin fisuras, en bloque. Música, canto, baile, el desenlace inevitable de la fatalidad agazapada.
La prostituta es una buena persona, el novio es una buena persona. Sin embargo el hombre no podrá hacer otra cosa que destrozarla, para que no sufra. ¿Cómo condenarla a un futuro en el que por fuerza habrá de reprocharle suciedades? La va a abandonar.
Ella sólo desea amor. Pobrecita, no sabe aún y a pesar de su experiencia que la palabra "sólo" en esa frase no cuadra. Desear amor es desearlo todo.
Me voy antes de que finalice la película. Sé que habrá una sonrisa final, una esperanza forzada, la sugerencia de que la vida sigue y que quizás. Pero la yerba desechada continuará su vida, también, junto a las vías, integrándose lentamente a la gramilla, desapareciendo de sí y del mundo.



*De Mónica Russomanno. russomannomonica@hotmail.com









-Próximas estaciones de escritura:

PLOMER    
-Por Ferrocarril Midland-

JUAN ATUCHA.  
–Por Ferrocarril Provincial-


***
El recorrido por venir del tren literario en el Ferrocarril Provincial:

JUAN TRONCONI.    CARLOS BEGUERIE.   FUNKE.   LOS EUCALIPTOS.     FRANCISCO A. BERRA.
ESTACIÓN GOYENECHE.    GOBERNADOR UDAONDO.   LOMA VERDE.  
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN. GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY. GOBERNADOR OBLIGADO.  
ESTACIÓN DOYHENARD.   ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.    D. SÁEZ.    J. R. MORENO.     EMPALME ETCHEVERRY.   
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.   LISANDRO OLMOS.  INGENIERO VILLANUEVA.  ARANA.  GOBERNADOR GARCIA. 
LA PLATA.

***

El recorrido por venir del tren literario en el Ferrocarril Midland:

KM. 55.    ELÍAS ROMERO.    KM. 38.   MARINOS DEL CRUCERO GENERAL BELGRANO.   LIBERTAD.  
MERLO GÓMEZ.   RAFAEL CASTILLO.    ISIDRO CASANOVA.  JUSTO VILLEGAS. 
JOSÉ INGENIEROS.   MARÍA SÁNCHEZ DE MENDEVILLE.  ALDO BONZI.   KM 12.   LA SALADA.   
INGENIERO BUDGE.  VILLA FIORITO.  VILLA CARAZA.   VILLA DIAMANTE.
 PUENTE ALSINA.  INTERCAMBIO MIDLAND.



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